Construir un mapa de riesgos no es tarea para una sola persona. De hecho, si no se involucra a empleados de todas las áreas y de todos los niveles, el ejercicio no saldrá bien. Desde lo más alto de la Alta Dirección hasta el pasante en el área de servicios generales, todos los empleados tienen ideas diferentes sobre las amenazas a las que están expuesta la organización. Sólo así, se descubren riesgos que de otra forma nunca serían considerados. Así es que el primer paso es incluir a personas de las áreas respectivas y a los principales líderes de gestión. Después de ello, continuaremos con lo siguiente:

1.     Comprender cada riesgo

La efectividad del mapa de calor no está determinada por el alto número de riesgos que se incluyan en el análisis. Comprender cada uno de estos riesgos, sus causas, sus consecuencias y el “ambiente” en el que vive, es lo más importante. Además, es necesario clasificar cada riesgo en términos de frecuencia y severidad. Solo así se obtendrá una visión clara y comparativa de los riesgos.

2.     Contar con profesionales expertos en el área de riesgos

Contratarlos es una opción. Formarlos es la otra. La Gestión de Riesgos es hoy un área independiente y autónoma en una organización. Esto significa que reportan directamente a la Alta Dirección y que tienen un radio de acción ilimitado dentro de la organización.

Los profesionales en el área de Gestión de Riesgos deben poseer experiencia, conocer las diferentes herramientas de análisis y conocer con profundidad los requisitos, normativos, como el estándar internacional ISO 31000.

3.     Estar atento a los cambios en el contexto para ajustar el mapa

El mapa de calor resultará útil mientras el panorama de riesgos no cambie. Pero esto sucede constantemente. Así es que es preciso revisar el informe por lo menos cada tres meses, discutir el estado de los riesgos existentes y definir si se deben incluir riesgos o dejar de considerarlos.

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